Silencios

Y dejamos de hablar. Y al hablar lo dejamos.

Nuestra relación vive en un silencio constante, y no lo aprecio de la misma forma que antes.

Antes tenían sentido, se llenaban de significado con nuestras miradas, sonrisas, lágrimas, temores, atención y perezas.

Ahora se llenan de ausencia, una ausencia (in)justificada… porque no hablamos para significarla.

Podría decir que te echo de menos,
pero cuando lo hago rompemos el silencio
y lo que queda, es más de lo mismo.

Lo que echo de menos son nuestros silencios.
(Los de antes)

Ventilando armarios

Me dicen que uno de los problemas puede ser intentar ser sensible a todo. Pensarnos como megaguays, capaces de poder gestionar todas las intersecciones y de responder de la manera adecuada. ¿Hay una fórmula mágica?

Me niego a decirle a alguien: “lo siento, pero no puedo ser sensible a todo, así que hoy no te toca.”

Especialmente cuando siempre no les toca a las mismas personas, no (solo) como individuos si no como especificidades concretas. Colectivos oprimidos. colectivos que estoy oprimiendo.

Pero me siento otra vez y pienso que tal vez tuvieran algo de razon. Tal vez algunes de nosotres pensemos que somos/estamos sensibles a todo. Tal vez pensemos que como formamos parte de algun colectivo, ya estamos siendo sensibles a estas especificidades. Porque partimos de un yo molesto, un yo afectado… un yo mío y colectivizado.

Y me pregunto… ¿No sería necio argumentar, despues de tanto llenarnos la boca de interseccionalidades, que las violencias estructurales son únicas y perfectamente delimitadas? ¿Que el (insert violencia estructural) que yo recibo, es el mismo que recibe otre compañere? ¿Que nuestro activismo es correcto porque tiene en cuenta otras estructuras y busca alianzas contra el patriarcado? ¿Que nuestro vínculo es perfecto porque se basa en la comunicación no violenta?

Y mientras me lío el segundo cigarrillo de la mañana, llego a la conclusión que el activismo que hago es para mí. Para mi yo. Para mi yo colectivizado, que avanza de un modo inevitable apropiandose de cada una de las realidades que estoy sobreentendiendo, borrando, enfrentando e ignorando.

Realmente estoy creando un yo normativo, definiendo una manera de estar como yo, en contra/posición a otres. Un modo de hacer activismo. Un modo de relacionarme. Un modo de vida.

Y en los aislamientos he visto justificar (insert violencia estructural) por parte de mi yo colectivo, no de una manera explicita ni consciente, pero alegando a problemas de comunicación, formas de hacer distintas a nuestro modo habitual, y prioridades… especialmente la prioridad de mantener ese yo colectivo del modo en que lo estamos viendo. He callado.

Tal vez éste no fuera su espacio… Pero tampoco se piensa en si hay otros espacios, ni en que va a ser de la otra personaproblema. Ella ya no importa, dejó de ser nuestro problemapersona cuando cortamos o transformamos el vínculo, y lo volverá a ser cuando compartamos otros espacios donde no importará aseñalarla con el poder de la información (nuestra información) .

Somos seres maravillosamente horribles, especialmente cuando tomamos algo de consciencia y podemos elegir hacer daño asumiendo la responsabilidad. Pero llamarle defensa a esto me parece un eufemismo peligroso. Sobretodo si nuestra motivación es proteger un yo colectivo (entendido del modo en que nosotros lo vemos, exclusivo y funcional).

Ese yo colectivo inespecifico… fuera mi cultura, mi identidad, mi red afectiva, mi espacio de activismo, mi curro, mi espiritualidad, o el conjunto de mis experiencias y estados pasados proyectandose de forma colectiva aqui/ahora… daña y huele a naftalina.

La Radicalidad fuera del binomio

Identidades y estructuras se construyen mutuamente, y con ellas los discursos y el contraargumentario. Todo nace de lo mismo. Afianzan un juego de encaje en el que ni 1 ni 0 pueden existir sin el otro. Porque no hay «nada» si no hay un «todo», aunque estos sean meramente icónicos. Tampoco hay hombres sin mujeres. O homos sin heteros. O bien sin un mal.

El mundo de los binarios no es olvidadizo. Olvida a conciencia para mantener esta estabilidad y coherencia que da sentido, no solo al binario, sino al conjunto del sistema. Si algo es lógico, parece aceptable. Si nos perjudica, hay que hacerle frente. Pero si algo se escapa de la lógica de nuestro discurso, hay que acabar con ello, pues no hemos aprendido a contraargumentar fuera de esta coherencia. Nuestro discurso es válido porque es coherente con el sistema y la estructura, no porque sea revisable. Por eso es reconocido.

Hablo del borrado constante, de la negación y la ridiculización. Del miedo a «estar» más allá de lo establecido. De ser novedad, leyenda, fluidez o efímero. De ser aquello que contradiga al binomio y que pone en peligro su estabilidad.

La radicalidad no puede estar en un polo. Las polaridades se dan sentido mutuamente a través de la relación por la que han sido construidas. Radicalidad es cuestionar el dolor punzante que sentimos cuando se nos «recuerda». Y el recuerdo es percatarse del borrado, de aquello que obviamos necesáriamente en nuestro posicionamento, discurso y lógica.

Los no-sujetos, somos chaosecuencias políticas, y somos radicales. Nos llamarán invenciones, asociales, vestigios, seres que vagamos en el aislamiento por no querer formar parte de unas estructuras que nos limitan. Su estrategia será arrastrarnos a un tablero de blancas y negras para tomar partido. Su violencia, un simbolismo excluyente lleno de espacios vacios que resaltan el contraste, paradigma de su existencia.

Y nos reafirmaremos en ese espacio. El fondo negro entre las estrellas de la era en que quemamos el firmamento, dejando solo las más brillantes. La ambigüidad, la indefinición, la confusión, el poder ser sensible a las relaciones, historias y trayectorias; frente al inmovilismo de los cuerpos celestes.

 

 

 

 

Espacios

La importancia de diferenciarse para reconocerse y que te reconozcan. Miro hacia el cielo, veo una luna y unas cuantas estrellas. Algunas me parecen idénticas. ¿Que las diferencia? Me voy de la ciudad, en un arranque de ira me planto en Los Monegros y ahora son ya multitud.

Juegan con mis ojos, las luces del cielo y evocan leones, árboles, hadas y centauros. Las luces de la ciudad, ahora halos en el horizonte, guían mi regreso.

El firmamento es un libro que no se podía quemar, lleno de símbolos reinterpretables pero casiconstantes en el tiempo. Aun así en nuestro afán de borrado conseguimos iluminar suficiente la tierra para llenar de espacios invisibles donde pluralidades de estrellas destellaban para volver a ser leídas, interpretadas y seguir siendo otras historias… Tal vez leyendas, tal vez lecciones. Tal vez el espacio relativo que da sentido a un conjunto o al aullido melancólico de un ser olvidado, borrado por las luces de la ciudad.

Pues las estrellas por si solas son estrellas.

Pero el espacio entre ellas, recuerda (y nos recuerda) que una página en blanco no es solo un poder ser, una vez fue arbol, otras sustrato y otras la luz transparente que secaba el rocío y permitía que viéramos el color de sus hojas.

 

En contra/posición

1 y 0 no pueden existir sin el otro, si se construyen en contra/posición. 

Desde una perspectiva sistémica las categorías no existen ni se construyen sin relación entre ellas. Cuando las definimos las enriquecemos con comparativas diferenciadoras, y es que, si existen es en un contraste. El paradigma de la existencia es la diferenciación entre las categorías. Aquello que no es diferenciable o que cuestiona la propia idiosincrasia de una categoría debe ser asimilado o borrado como un «ruido» no significativo. (no abandonemos del todo esta idea)

La máxima expresión del contraste es «el contrario». En ese momento se definen dos polos y entra en juego la jerarquización. La jerarquización es otro modo de relación, como la diferenciación, pero donde impera un orden de valor. Este orden de valor esta definido por el imaginario de la comunidad de/en la que somos participes.

En la yuxtaposición de 0-1 se construye un eje que va de la nada al todo, o del todo al infinito. Como las categorías se construyen entre ellas mediante la relación, y el eje es la relación entre los dos polos; estructura e identidades son percibidas como algo inextricable que potencia los discursos con la cohesión y coherencia que los legitima.

 

La asimilación de las diversidades. Del espectro al gradiente

Dentro del modelo 1-0, la diversidad debe poder situarse en el eje, entre los polos diferenciados. (1-0,75-0,612-0,33-0) Solo así se puede mantener por un lado la cohesión de los discursos que parten de la estructura, y por otro la radicalidad en los extremos. Convierten un espectro en un gradiente, lo ordenan, le dan forma y borran aquellos sujetos que no son asimilables según la coherencia del propio discurso. Es decir, borran aquellas categorías que desdibujan la diferenciación entre 1-0, las que no se han tenido en cuenta en la construcción de los binomios (estructura-identidad) y que cuestionan el discurso.

La conceptualización, bajo la misma lógica, de unos grupos oprimidos, ha dado lugar a la construcción de una colectividad opresora. Las violencias dejan de ser estructurales para ser identitarias.  Los privilegios/opresiones se convierten en marcadores de los polos y determinan el sentido de las violencias.

La estructura pasa de afectarnos de manera diferente, a afectarnos «más» o «menos» en función de la asignación en el eje, y se le da una credibilidad al discurso correspondida con la posición que ocupa  y en relación a dónde nos situamos, según el gradiente que construimos.

 

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Esta entrada no está redactada pensando en ninguna estructura en concreto, y si tuviera que ejemplificarla en algún momento usaría mi experiencia a través del eje de orientación para apoyarme. Pretende ser un continuo y no una entrada cerrada, podrá ser editada/ampliada y por ahora constará de mínimo otra parte.

Parte II: Las radicalidades fuera del binomio. En construcción.. Cuando publique intentaré enlazarlo aquí a bajo -Aún descubriendo como funciona wordpress-.

 

 

Hoy sí

 

No se si lo habitual es empezar con una presentación sobre qué hace un sujeto como yo escribiendo un blog como tú. Pero ya sabes que nos gusta romper la norma..

Empezaremos por ti -no por galantería, sino porque siendo tú el con/texto no veo otro modo de situarme y emerger-. Así que…

¿Qué hace un sujeto como tu siendo escrito por un blog como yo?

No es la primera vez que me encallo al pensarte. Normalmente te he dejado de lado tras los 20min de quedarme quieto fumando. Pero esta vez no. Como otros sujetos no me preocupa lo que eres, sino lo que puedes ser, lo que has intentado ser y -aún así- terminaste pudiendo ser centenares de otras cosas, menos las que te planteabas. Bueno… incluso las que te planteabas.

Cuando pensaba en tí pensaba en proyectos, denuncias, supervivencia, silencios,.. la verdad es que todo eso me hacía tirar adelante y.. a pesar de quedarte en blanco.. no me dejabas indiferente.

Hoy me he dado cuenta de porque no te había escrito nunca, y es que, de tanto volver al:

“no se escribir”

“me preocupan los hojos de la gente al ver mi ortografía”

“Somos un chaos”  

Nunca paré a pensarte como un sujeto.. como alguien que me ha (d)escrito en el silencio, en el poder ser, aunque termináramos no siendo aquello que la gente esperaba..

Creo que nunca fuiste un blog, porque el espacio era yo. Creo que no te escribí, porque disfrutaba de tu ambigüedad y del modo en que me perdías.

Mis reflexiones -tu poder ser– han hecho de mi un blog desordenado, fácilmente excitable, impulsivo y emotivo. Lo que hace que no sea fácil de leer y salte de un punto a otro con múltiples conexiones aparentes (o ninguna en absoluto).

 

Hace unas semanas escuché de wuwei un llamamiento a des/orientarnos. Algo que me ha llevado a sentarme aquí, con un poco de retraso, a ofrecerte resolvernos de un modo inesperado.

Así no me queda otra que escribirte, para des/ordenar el mundo y cuestionar lo que (no) se ha escrito, relacionándonos de un modo que no hemos hecho hasta ahora.

Retroescribámonos